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El Espectador, Agosto de 2007
David Wigoda, presidente de Factor Group, En E.U. puede jugarse de local Al paisa David Wigoda Rinzler, descendiente de inmigrantes judíos llegados a Colombia con los vientos de la Segunda Guerra Mundial, no le gustan los convencionalismos ni los retos placenteros. Hugo Sabogal / Especial para El Espectador Tras cumplir diez años al frente de la compañía aseguradora, Wigoda decidió aventurarse en su propio emprendimiento. Con la creación del Factor Group, le apuntó a la compra de cartera, un rubro de gran impacto en mercados como el estadounidense y el inglés. El Factoring, como se le conoce internacionalmente, es un negocio consistente en comprar facturas y cobrarlas.
 Tras cumplir diez años al frente de Suratep, Wigoda decidió aventurarse en su propio emprendimiento.
Al paisa David Wigoda Rinzler, descendiente de inmigrantes judíos llegados a Colombia con los vientos de la Segunda Guerra Mundial, no le gustan los convencionalismos ni los retos placenteros. Lo suyo está en abrirse paso en cualquier maraña de imposibles, algo que ha acompañado la vida de su familia, cuyos miembros llegaron, en sus propias palabras, “con una mano adelante y otra atrás”.Obviamente que para sobrevivir en un entorno así se requiere de un espíritu quebrantador, y quizás por eso se siente a gusto cuando juega en esa posición. Lo hizo cuando trabajaba para el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), en su calidad de gerente general de Suratep, aseguradora de riesgos profesionales, que él ayudó a crear. Uno de los temas de fondo, cuando tomó las riendas de la empresa, es que, pese al liderazgo nacional en su sector, Suratep tenía una participación minoritaria en Bogotá (algo frecuente en las principales empresas antioqueñas). Esto hace recordar las preocupaciones del mismo tipo que asediaron al ex jefe máximo del GEA, Nicanor Restrepo Santamaría, quien intentó varias veces romper ese difícil paradigma. Restrepo decía que los ejecutivos antioqueños, enviados en misión permanente a la capital, no rendían como se esperaba, porque mentalmente seguían viviendo en Medellín y eran los primeros en abordar los vuelos del viernes por la tarde rumbo a la capital de la montaña. “Para muchos de nosotros, lo principal era asegurar el pasabordo de regreso”, admite Wigoda. Él, sin embargo, superó el fuerte sentimiento de arraigo que embarga a sus coterráneos y se instaló en la metrópoli con la intención de tomársela. Pero afincarse físicamente en Bogotá fue apenas el primer desafío. Vendrían otros. Uno de ellos era, por ejemplo, aceptar que los sueldos de los ejecutivos bogotanos son siempre más altos que los devengados por cargos equivalentes en Medellín u otras ciudades. Con comisiones de por medio, su gerente comercial en Bogotá ganaba más de lo que él devengaba como cabeza de la entidad en Medellín. Su postura fue: “Si a ella le va bien, a todos nos irá mejor”. Y no se enredó más la vida. Como tercera estrategia, Wigoda optó por conformar sus filiales con jefes y subalternos nacidos en el lugar y no con funcionarios enviados desde la oficina principal. De manera paralela, los dotó de poder suficiente para que pudieran actuar dentro de parámetros previamente convenidos. “Así acabamos con el argumento de que ‘hay que consultar con Medellín’ ”. Un hecho incuestionable es que en Bogotá están los principales clientes, los más fuertes competidores, el gobierno central y una serie de oportunidades que una empresa en crecimiento no puede ignorar, agrega Wigoda. Los retornos llegaron con creces. Suratep pasó a controlar el 40% del mercado bogotano, una situación nunca antes vista. Tras cumplir diez años al frente de la compañía aseguradora, Wigoda decidió aventurarse en su propio emprendimiento. Con la creación del Factor Group, le apuntó a la compra de cartera, un rubro de gran impacto en mercados como el estadounidense y el inglés. El factoring, como se le conoce internacionalmente, es un negocio consistente en comprar facturas y cobrarlas. Con los habituales esquemas de pago colombianos (con plazos que van desde los 30 hasta los 90 días), una empresa puede doblegarse si no cuenta con recursos propios para financiarse durante el tiempo de espera. Y aquí es donde el factoring entra a cumplir su papel. El proveedor de productos y servicios recibe dinero en efectivo y la firma de factoring cobra las facturas adeudadas, quedándose con un margen por la intermediación. En Inglaterra, el país con más experiencia en el ramo, el monto del negocio se calcula en 800.000 millones de dólares por año. En Estados Unidos vale unos 100.000 millones de dólares. En Colombia se acerca a 500 millones de dólares. Por encima del país están Brasil y Chile. “Falta mucho terreno por recorrer, pero al menos hemos roto el paradigma”, dice Wigoda. Como principal obstáculo está el factor cultural. Al proveedor de bienes y servicios le cuesta trabajo entregar la cartera a un tercero, y al deudor le incomoda que otra persona, y no su cliente, sea el encargado de realizar el cobro. “Pero el mercado está aprendiendo a entender el valor de esta herramienta como fuente de financiación de corto plazo”, agrega. No sirve, aclara, para financiar un proyecto de expansión o la compra de tecnología y maquinaria. “Esos servicios los ofrecen los bancos”, puntualiza. Wigoda es un furibundo deportista. Trota todas las mañanas, esté donde esté. “Y si por alguna razón no puedo hacer ejercicio en la mañana, me enojo con facilidad”, confiesa. Pertenece a un grupo de ejecutivos bogotanos que reparte su ejercicio atlético entre el parque El Virrey, el parque Simón Bolívar y el Centro de Alto Rendimiento, entre otros lugares. Ha participado en varias competiciones y ahora se entrena para correr la Maratón de Chicago. Le gusta comer sano y toma vino con moderación. El día de nuestro encuentro, en el restaurante Di Lucca, ordenó calamares y carpaccio de res como entrada, y un risotto de tres quesos, como plato principal. ¿Y postre? “Lamentablemente no encaja con el ejercicio, así es que casi siempre paso directo al café”. Para Wigoda, su proyecto de Factor Group está, apenas, al comienzo del camino. Y si bien es cierto que intentará ocupar un lugar predominante en Colombia, su principal interés se encuentra en Estados Unidos. Wigoda quiere instalarse en varios estados para actuar como jugador local. “El factoring, en ese país, brinda enormes oportunidades de crecimiento, pues en un extremo están tres grandes conglomerados y en el otro, jubilados y pequeños inversionistas que trabajan en mercados metropolitanos muy pequeños”, dice. “No hay protagonistas intermedios, y ese campo lo queremos ocupar nosotros”. Sus principales aliados, en su fase de entrada, han sido los empresarios cubanoamericanos del sur de la Florida. “Es un mercado enorme”, dice Wigoda. “Los condados de Dade, Broward y Palm Beach mueven la misma cantidad de recursos que la economía colombiana y ese es un factor de estímulo impresionante”, agrega. Después iniciará su ascenso hacia el norte, convencido de que su portafolio y la seriedad de su trabajo son factores más poderosos que las sospechas que pueda despertar una compañía colombiana que compra cartera. Con setenta personas a bordo, Factor Group se dedica a la tarea de hacerles seguimiento a las facturas hasta hacerlas efectivas en los tiempos prometidos. De esa manera, los empresarios pueden dedicarse a producir. ¿Quién puede utilizar esta herramienta? “Toda empresa, grande o chica”, dice. ¿Y qué historial financiero debe tener el interesado? “En verdad, buscamos saber más sobre el acreedor que sobre el proveedor del producto o servicio”. Aunque reconoce un enorme progreso en la captura de información financiera en Colombia, Wigoda explica que lo más llamativo del mercado estadounidense son la calidad y la prontitud con que se entregan los datos crediticios. Basta, dice, con oprimir un botón. “Y esto hace más rápido y viable nuestro papel como intermediarios financieros”. De postre - ¿Es Bogotá la plaza difícil e imposible que muchos se imaginan? “Para nada —dice David Wigoda, presidente de Factor Group—. Simplemente hay que trabajarla, jugando de local”. - Con un apellido de no muy fácil reconocimiento en el país, Wigoda (pronunciado Vigota) no se enreda la vida ni trata de imponérselo a quienes no lo pueden pronunciar con facilidad. “Cuando pido un taxi, digo que mi nombre es Bedoya, y ya está”. - Uno de sus logros más importantes en Suratep fue reducir la tasa de accidentalidad en el entorno laboral de las empresas: de más del 10% a menos del 5%. ¿Cómo lo hizo? “Es una cuestión de prevenir y modificar los patrones culturales. Y pienso que Colombia sigue mejorando en ese sentido”. |